martes, 28 de enero de 2014

Jose Martí, la libertad, los medios y los fines.

Armando de Armas / martinoticias.com


 
 
Cada 28 de enero, fecha fausta en el orden de los natalicios isleños, sería saludable tener presente que a José Martí se le ha manipulado hasta la saciedad, y a veces hasta la ridiculez, como se apreciaría en los denodados esfuerzos de algunos bien intencionados activistas para que el poeta pase a integrar las huestes del pacifismo.

Ningún problema con la estrategia pacifista, es inclusive una estrategia que ha dado resultados en otras latitudes. El problema estaría en que se le quiera endilgar la dicha estrategia a un hombre que, como sabrá todo el que asistió a la escuela primaria en Cuba en tiempos de la República o en tiempos de Fidel Castro, murió en combate, no se sabe si de cara al sol como él pedía, pero sí empuñando un revólver sobre un caballo blanco y frente a una descarga cerrada de la fusilería española.

Un hombre que, como sabrá todo el que ha profundizado algo en la historia de la isla, murió con los grados de Mayor General del Ejército Libertador. Pero más significativo que todo lo anterior, final espectacular al fin y al cabo, atribuido por unos al suicidio y por otros a la equivocación, es que Martí, escritor aparte, fue el certero conspirador y el eficaz organizador de una guerra, la más sangrienta y devastadora de la historia isleña, y la que finalmente llevaría a los cubanos a la independencia y por tanto, y en definitiva, se debería reconocer a estas alturas, un excelente estratega militar, que si bien no dirigió el entramado en el teatro de las operaciones, sí supo aunar las voluntades, crear el concepto y trazar las pautas para la eficaz manifestación de ese entramado.

Y es que Martí, ese (ya se sabe) gran desconocido entre los cubanos, se nos hace más desconocido aún a la luz, o las tinieblas, de esa especie de dictadura vegetariana y centrista, no por vegetariana y centrista menos dictadura, que procura prevalecer hoy en Occidente.

Un Martí sometido a un doble escamoteo, por un lado, un escamoteo de la misma índole del que padece la modernidad y que correspondería al socialismo de la hipnopedia inducida (ese del libro "Un mundo feliz", de Aldous Huxley), y, por otro lado, el escamoteo, duro y directo, impuesto en Cuba durante el último medio siglo y que correspondería al socialismo científico de Carlos Marx; aunque, a fuer de sinceros, debería reconocerse que el escamoteo de la figura de Martí se inicia ya con su propia muerte y el posterior apostolado; ese que permitía declararse martiano, ¡sin ruborizarse siquiera!, lo mismo a un doméstico hijo de vecino, al asaltante de un banco que al asaltante del cuartel Moncada.

La verdad parece ser que Martí viola la mayoría de los lugares comunes de la moral, las costumbres, la religión y las leyes, sobre todo de las leyes, de su época; vamos, que no era lo que hoy llamarían una persona decente, precisamente por no encajar en los tópicos de las manidas normativas de la masa diligente (que puede y ciertamente es instruida y ni siquiera se cree masa, sino élite); y ello es particularmente apreciable en sus enrevesadas relaciones amorosas (no suficientemente estudiadas), en su iniciación masónica y afinidad con el espiritualismo orientalista (tampoco suficientemente estudiadas) y en la desobediencia de la legislación española, y aun de la norteamericana (ver sucesos de la Fernandina relacionados con la incautación de las armas y pertrechos de los vapores Lagonda, Baracoa y Amadís, en enero de 1895).

Y es que el radicalismo de la libertad en José Martí se pone de manifiesto ostentosamente en todos y cada uno de los aspectos de su vida y obra. Mal momento el presente para la palabra radical, se olvida que viene de raíz, de ir a la raíz de los fenómenos de la realidad, y se le pone el mote de radical al primer fanático que se reviente por los aires matando civiles inocentes en nombre de la verdad revelada. Mal momento para la palabra libertad, apenas ni se le nombra y va camino de convertirse en uno de esos vocablos arcaicos y en desuso. Mal momento para Martí, para la libre expresión del pensamiento; para el pensamiento.

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